Me tomé el aperol spritz en la terraza, sentada en un sillón exterior que yo misma había elegido semanas atrás. Se me hacía extraño que por tres meses no me fuera a despertar por el sonido estridente de la llamada de mi secretaria, por el recordatorio de una reunión o porque tuviera que sacar a mi hermano de algún lío. Todo era nuevo, brillante pero no sabía si yo estaba preparada para algo así. Antes de que mis pensamientos insanos atacaran mi confianza, por muy falsa que fuera esta, decidí volver a la casa y observé las telas. Me habían dejado algunos patrones básicos y adaptables para hacer varias prendas y a pesar de que era temprano no pude evitar echar un vistazo a mi armario para saber que me pondría aquella noche. Todo dependía de la impresión que quisiera causar:
Por un lado si lo que quería era que no apartaran su vista de mí, que la gente me mirara a cada paso pero que a la ninguno se atreviera a acercarse tenía un vestido azul oscuro largo y relativamente ajustado que combinado con un moño alto, unos tacones dorados y un maquillaje que realzara mis rasgos sería ideal; sin embargo esa no era la impresión que quería que todo el mundo viera de mí.
No quería ser intocable, quería parecer tan interesante que la gente se acercara pero que por mucho que preguntaran mi aura misteriosa, sofistacada, irónica y seductora no me abandonara en ningún momento. El vestido rojo era ideal, ajustado, también largo, un escote sugerente pero no demasiado provocativo y una abertura hasta la mitad del muslo que realzaba mi morena piel. Llevaría unas sandalias doradas con un tacón en el que habían incrustado piedras, las cintas del zapato que lo mantenían pegado a mi tobillo y dedos tenían una forma muy sencilla a primera vista, pero nos llevó días conseguir trenzar aquellas cuerdas para que dieran el aspecto de unas sandalias que pudiera llevar cualquier Diosa del Olimpo.
Me miré en el espejo, me repasaría las ondas naturales de mi cabello y ya tenía claro en mi cabeza el maquillaje perfecto. Creo que si había prosperado tanto en tan poco tiempo era porque tenía una habilidad increíble para conseguir que un atuendo sencillo se volviera la envidia de cualquier persona con simples detalles: accesorios, peinados, maquillaje…A veces incluso había descosido prendas segundos antes de que una modelo saliera a un desfile o les había pedido a las modelos que actuaran con una expresión concreta según que prenda. Hasta ahí llegaba mi nivel de perfeccionismo con los demás, conmigo misma era aún más alto.
Observé la habitación que había decidido hacer mía. Una cama doble con grandes almohadas color crema y cojines color teja y mostaza que le daban color a la habitación, ya que el tocador era completamente blanco y la cómoda también. Había tenido tantas ganas de borrar una de las habitaciones de esa casa que había ordenado tirar la pared que la separaba de esta para hacerme un vestidor. No tenía queja del trabajo de mi ayudante, había ordenado todas mis prendas por ocasión y dentro de cada ocasión por colores. Había una mesa redonda en el medio en la que me habían traído algunas cosas de joyería y un gran armario para zapatos. Porque la moda era mi pasión, pero los zapatos eran mi razón de vivir. Es exagerado, pero mi obsesión por los zapatos me había llevado a no conformarme con cualquier par o cualquier marca, de eso era consciente todo el mundo que me conocía, incluído esa cosa que comparte mi sangre y que nació dos minutos después que yo. Negué con la cabeza y me miré al espejo para poner una sonrisa confiada como siempre. Después me dirigí a mi cuarto de nuevo y me senté a revisar mi telefóno. Entré en Instagram y lo revisaba sin mucho interés hasta que vi la foto de aquel chico que había visto en la cafetería, al que le había regalado el reloj. No me extrañaba que si habíamos estado en el mismo sitio aunque fuera solo una vez el algoritmo de Instagram ya había decidido que nos conociamos. Pensé en su reacción al ver el reloj: ¿Le mandaba un mensaje? Podía decirle "Hey, yo soy la loca que va regalando relojes rolex a los desconocidos que me cruzo" pero eso sonaba tan patético que me reí internamente. Tras pensar unos segundos escribí:
-Hey no nos conocemos, pero sigo pensando que ese reloj combina con tus ojos -leí en voz alta mientras lo escribía. Lo más gracioso de todo es que no le mandé el mensaje desde mi cuenta principal sino desde una secundaria en la que no tenía fotos, sería interesante si había adivinado quien era y quien le había mandado ese mensaje y ese bonito reloj.